5.12.09

Ed Wood (1994)


Ed Wood es un joven director de cine, un visionario sin ninguna formación académica, aficionado a vestirse de mujer y con muy pocas oportunidades de hacer películas en un gran estudio. Sin embargo no ceja en su empeño de convertirse en un director famoso. Tras reunir a un curioso grupo de personajes, realiza películas de bajo presupuesto, excéntricas y no muy cuidadas técnicamente.

1.12.09

Entrevista: Marta Etura

No podíamos dejaros con las ganas... así que ya para finalizar con Celda 211 y a la espera de como le vaya en la próxima gala de los Goya os dejamos con la bellísima Marta Etura.

28.11.09

Entrevista: Alberto Ammann

Viendo el éxito que despertó la entrevista en vídeo a los hermanos Pastor (directores de Infectados) hemos decidido hacer lo propio con Celda 211 y os traemos la entrevista que nos concedió Alberto Ammann.

23.11.09

Celda 211 (2009)

Juan Oliver se encuentra en uno de los momentos más plenos de su vida. Felizmente casado y esperando un hijo, está a punto de incorporarse a su nuevo trabajo como funcionario de prisiones en Zamora. Con la intención de conocer un poco más de cerca sus funciones, decide presentarse un día antes para ir conociendo el lugar. Sin embargo, tiene la mala suerte de verse envuelto en el estallido de un motín de los presos, debido a lo cual, y para poder sobrevivir, tendrá que hacerse pasar por uno de ellos.

Con esta premisa, Daniel Monzón nos presenta el que es su cuarto filme, Celda 211, basada en la obra homónima de Francisco Pérez Gandul y escrita por el propio Daniel junto a Jorge Guerricaechevarría (guionista habitual de Álex de la Iglesia).

En clave de trhiller de acción, Celda 211 se mueve con un ritmo muy trepidante y hace partícipe al público de todo lo que va sucediendo en la prisión amotinada. Y es que, quitando las escenas de Elena, la mujer de Juan, el resto de la acción transcurre en el interior de la cárcel, lo que acrecienta una sensación de claustrofobia.

Al hilo de esto, y para lograr un mayor verismo en la historia, ésta busca identificarse en ciertos aspectos con el modo de hacer del documental y además ha sido rodada con la cámara Red One, mejorando considerablemente la calidad de imagen.

En un plano ya meramente narrativo, el director logra combinar con mucho acierto los elementos más dramáticos con la acción más impactante, consiguiendo algunas dosis de gran tensión. Además juega muy bien con el contrapunto que supone la relación entre Juan y Elena (Alberto Ammann y Marta Etura) para suavizar y hacer descansar al espectador de lo que está aconteciendo en el interior del penal.

Celda 211 es una película que supone una auténtica ruptura hacia lo que nos tiene acostumbrado el cine español. Está carente de esa mirada pedante de algunos autores patrios que se las dan de saber más que nadie acerca de lo banal y lo espiritual olvidándose por completo de su público. Celda 211 es una película sincera en cuanto a que desde el principio deja claras sus pretensiones de entretener. Nada más. Recoge muy bien las claves del cine norteamericano de contar una historia ágil y convincente, al tiempo que muestra una fuerte profundidad en sus personajes.

El otro aspecto diferenciador respecto a nuestro cine es la forma de abordar temas más candentes y polémicos como el de las condiciones de los presos en las cárceles españolas y el de los reclusos etarras. Al contrario de otras películas que abordan estos temas de una forma un tanto viciada, Daniel Monzón se limita a mostrar una realidad a modo de McGuffin para poder avanzar en la trama. Tanto las condiciones de los encarcelados como el trato especial a los etarras y el uso político que se hace de ello están en un segundo plano. Son cosas que suceden en nuestras cárceles y como tal, están reflejadas. Si bien, la carga crítica hacía estos temas es más que evidente.

Retomando esas similitudes con el cine hollywoodiense, es curioso el símil (salvando las distancias) que se puede encontrar entre los personajes de Ammann y de Ethan Hawke en Training Day, así como la relación de desconfianza / respeto que llegan a establecer con sus respectivos compañeros: Luís Tosar y Denzel Washington.

Tanto Juan Oliver como Jake Hoyt son dos jóvenes muy enamorados que están comenzando a formar una familia y se enfrentan al primer – y más difícil – día de trabajo. Frente a ellos están Malamadre y Alonzo Harris que les enfrentarán a situaciones límites y les harán cuestionarse muchas cosas.

Dejando de lado esta comparación, es indudable que el mayor atractivo de Celda 211 está en un impresionante Luís Tosar, que quizás haya firmado el mejor papel de su carrera. La fuerza y carisma de su personaje es ya, por sí sola, motivo suficiente para disfrutar de la película.

Ante esto, Alberto Ammann se encuentra con un reto enorme, y más tratándose de su debut cinematográfico. Pero lejos de amilanarse, se pone a la altura de Malamadre y ambos nos deleitan con un extraordinario duelo interpretativo. Duelo éste, bien asistido por unos secundarios de altura: Marta Etura, Carlos Bardem y Antonio Resines (ahuyentando por fin el estigma de Los Serrano y volviendo a dar lo mejor de sí).

Sin embargo, como no todo puede ser perfecto, hay que resaltar la falta de credibilidad que transmiten los funcionarios de prisiones. Todo el esfuerzo por hacer lo más realista posible el motín y lo relacionado con los presos no termina de tener su réplica en la otra parte. Se percibe una suerte de descuido y de atención hacia ellos. Así como algún momento de excesiva sobreactuación por parte de alguno de los actores.

En conclusión, estamos ante una película bien contada, con grandes interpretaciones y de la que se pueden sacar varias lecturas. Sin duda, una de las cintas llamadas a ser de las referenciales de nuestro cine reciente.

18.11.09

Entrevista: David y Álex Pastor

Tras el último post, nos quedamos con ganas de saber algo más acerca de Infectados. Es por ello que publicamos esta entrevista a los directores David y Álex Pastor aparecida en La Huella Digital. Como novedad, esta vez no habrá que leer, sino que la mostramos en un vídeo editado por uno de nuestros colaboradores:


15.11.09

Carriers (2009)

David y Alex Pastor debutan con un largo made in Hollywood. Tras el éxito cosechado con cortometrajes como Larutanatural, nos traen Infectados, una historia apocalíptica producida nada menos que por Paramount Vantage (la filial para proyectos independientes de Paramount).

Infectados
narra el viaje de dos hermanos que, junto a la novia de uno y la amiga del otro, cruzan los EEUU en coche con destino a una pequeña playa en la que asentarse alejados de cualquier rastro de humanidad, huyendo de un virus que ha diezmado a la población mundial. La cinta, rodada en clave de road movie, hace uso de la amenaza vírica como una excusa y un contexto
para centrarse en temas más íntimos y relacionados con la conducta humana. Infectados habla de las reacciones, del miedo, del egoísmo del que podemos padecer cualquiera en unas circunstancias en las que este puede ser la diferencia entre vivir o no.

La ópera prima de los hermanos Pastor tiene un planteamiento muy similar al de filmes como 3 días o El tiempo del lobo: toma un acontecimiento con tintes apocalípticos (una epidemia mundial, el impacto de un meteoro, una guerra nuclear…) y lo deja en un segundo plano. Huye de los clichés que casi obligan a meter por medio a fuerzas de seguridad, ejércitos y gobiernos para hacerse cargo de todo y controlar la situación. A cambio, nos regalan unas historias mucho más complejas e intimistas que nos hablan de las consecuencias y repercusiones que tienen coyunturas de tales magnitudes en una familia. Descubrimos lo que sucede a su alrededor por pequeños detalles, no sé dice nada del contexto claramente.

Infectados no sólo sorprende por la forma de contar la historia, sino que, como dato de interés, el guión está escrito por los propios directores. Algo que resulta casi impensable en España: directores noveles trasladando a imágenes una propuesta tan arriesgada y salida de su puño y letra.

Con un comienzo más acorde con el de una cinta de zombis o terror adolescente al uso, con las jóvenes estrellas del momento como reclamo; Infectados se revela como algo más. Pronto muestra sus intenciones de ir más allá del terror y se descubre como un trhiller con unos personajes muy identificables, donde no hay ni buenos ni malos, sino gente corriente que saca tanto lo mejor, como lo peor de sí misma en una situación límite.

Para dar vida a estos personajes tan “grises”, los directores se decantaron por gente con poco nombre todavía en la industria hollywoodiense como Lou Taylor Pucci (quien sorprendió en Thumbsucker) o Chris Pine (Infectados se rodó antes de que el actor saltara a la fama con Star Trek). Poco se puede decir de ambos, salvo que habrá que tenerlos en cuenta para el futuro. Debajo de esa fachada de joven estrella con apariencia sexy, Pine esconde gran carisma y aptitud para la interpretación. Siendo Piper Perabo, por su parte, quien tenga que enfrentarse al personaje más desdibujado y plano.

También destacar a Christopher Meloni (visto en la televisiva Ley y Orden), solvente en el papel de padre que ha de intentar sobrevivir junto a su hija.

Con momentos de gran tensión, Infectados supone un soplo fresco al cine de género y, en cierto sentido, se asemeja a filmes como ¿Quién puede matar a un niño? en cuanto a que la amenaza se produce a plena luz del día.

Bien es cierto que se puede acusar a la cinta de quedarse a medio camino en algunas ocasiones y un final que igualmente no se llega a rematar del todo. Aún así, se trata de una experiencia diferente, de una revisión a las reglas no escritas del cine apocalíptico, de terror… que sorprende, además, por su realismo, nivel y cuidado de la ambientación y su buen hacer técnico (el cuidado de la fotografía es espléndido).

Y para concluir esta reseña, nada mejor que escuchar a los propios directores en la rueda de prensa de presentación de la película:


12.11.09

Entrevista: Daniel Monzón

Este mes lo damos todo con Celda 211. La película de Daniel Monzón ha tenido muy buena acogida por parte de público y crítica. Motivo por el cual recogemos una entrevista que concedió Daniel Monzón para (como viene siendo habitual) La Huella Digital a principios de octubre:

Pregunta: ¿Cómo llegó el libro a sus manos?
Respuesta: Uno siempre sueña con que le lleguen materiales interesantes por parte de los productores y en este caso, así fue.

P: ¿Qué fue lo qué le enganchó de él para querer adaptarlo?
R: Me mueven los retos. Y Celda 211 contenía uno muy grande para un director, sostener dos horas de tensión a partir de pocos elementos, eso sí, los elementos esenciales: trama, puesta en escena y actores. Esta vez no había decenas de localizaciones, sólo cuatro paredes, ni grandes efectos especiales o música sinfónica para atrapar al espectador. Se trataba de lanzarse a contar una buena historia de manera casi asceta, sin posibilidad de guardarse cartas en la manga…

P: La historia tiene lugar durante un motín en una cárcel, pero lo cierto es que éste no es más que la excusa para hablar de temas más complejos como el comportamiento ante situaciones límite o la amistad…
R: Así es. No la considero una película carcelaria sino una historia de personajes. Cómo un hombre bueno, lo que se dice alguien normal, descubre cosas de sí mismo que desconocía al enfrentarse a una situación de una tensión excepcional y cómo un hombre en principio brutal y despiadado puede acabar mostrando un grado de nobleza y humanidad mayor que el de sus carceleros. La película propone un viaje emocional espero que intenso y también, como apuntas, plantea una muy peculiar historia de amistad entre estos dos tipos tan opuestos, que hubieran sido antagónicos en cualquier otro contexto y que viven juntos las treinta horas más decisivas de su vida.

P: ¿Se puede decir entonces que es una película de personajes más que un thriller al uso?
R: Es que son dos cosas que no creo que estén reñidas. Me han preguntado mucho estos días si la considero una película de género o de autor por aquello de haber sido seleccionada en Venecia dentro de una sección consagrada al cine de autor. Yo creo que el cine de género no está reñido con la, llamémosle, “autoría”. El término fue acuñado por la gente de Cahiers, que luego serían importantes cineastas, y lo aplicaron a directores como Howard Hawks, Alfred Hitchcock o John Ford, perfectos autores que se expresaban a través del cine de género. Yo considero que he hecho películas con una mirada propia, con un universo personal, si es lo que se entiende por “autoría”, enclavadas en distintos géneros. Celda 211 puede ser catalogada como una película de suspense, un thriller de política ficción, como un drama, o como le apetezca a cada espectador. Lo importante es que conmueva. Eso es lo que a mi juicio distingue las buenas de las malas películas, independientemente de la etiqueta que quiera ponérselas.

P: También le da tiempo a meterse en política…
R: Lo que más me gusta del comentario sociopolítico que pueda contener Celda 211 es que nunca está en primer término, forma parte del contexto. No es el objetivo de la película, surge de la propia acción, de la propia condición de microcosmos que posee el universo de la cárcel… Nunca me ha interesado el cine discursivo.

P: ¿No cree que se percibe cierta carga crítica ante las políticas frente a ETA llevadas a cabo en los últimos tiempos? (Con independencia de quien esté en el poder)
R: Cuando Jorge Guerricaechevarría y yo visitábamos cárceles para tratar de enriquecer la historia de ficción que nos traíamos entre manos, nos dimos cuenta de que la vida en una penitenciaría era un reflejo condensado de la sociedad de fuera. Incluso un preso muy agudo nos apuntó una frase memorable: “la cárcel es como el mundo de fuera sólo que en mp3”. Poco a poco nos dimos cuenta de que Celda 211 tenía cierta calidad de parábola, de fábula negra o como quieras llamarlo. Y queríamos conservar esa cualidad abstracta sin asentar la historia en ninguna época concreta. Como muy bien dices, la película dispara con bala contra aquellos que consideran unas vidas más importantes que otras por el transitorio valor político que puedan acarrearles. Y no es una práctica de izquierdas o de derechas. Es una práctica del poder.

P: Esta es su segunda colaboración con el guionista Jorge Guerricaechevarría (habitual de Alex de la Iglesia)… ¿qué visión le aporta a sus proyectos?
R: Para empezar aporta una extraordinaria carga de humor al día a día de trabajo, lo cual es impagable. Es uno de los hombres más ingeniosos que conozco. Y eso es también lo que aporta a un guión, un ingenio desbordante. Es el compañero de viaje ideal para sobrellevar ese desasosiego que le entra a uno cuando escribe en solitario y piensa que lo que tiene entre manos no le va a interesar a nadie. Jorge además, es un dialoguista brillante. En Celda 211 estuvo especialmente inspirado.

P: ¿Cómo fue el trabajo de documentación de la película?
R: Nos dimos cuenta pronto de que la mejor manera de contar esta ficción era desde una apariencia de verosimilitud casi documental. Así que, paralelamente al trabajo de estructura del guión, decidimos embarcarnos en un proceso de documentación que nos embebiera de la mayor carga de realidad posible. Visitamos cárceles, hablamos con presidiarios, leímos libros y diarios de presos históricos, mantuvimos charlas con funcionarios, educadores, familiares de presos… y con todo ese material y experiencias bulléndonos dentro sentimos que había que escribir una primera versión de manera muy suelta, casi de corrido, en todo lo que a diálogos se refería porque Jorge se había impregnado como una esponja del espíritu carcelario. Tiene oído casi de músico y una capacidad de sumergirse en un universo ajeno y moverse por él como un sherpa mientras dura el proceso de escritura.

P: ¿Por qué recurrir a Ex – presos como extras del film?
R: Precisamente por esa búsqueda de una apariencia de realidad, ese estilo casi verité con que sentí que había que contar esta historia. Había que conseguir situar al espectador en el mismo ojo del huracán, que fuera como el propio Juan, atrapado en el centro de un furioso motín. No quería una figuración convencional, quería presencias creíbles. El que hubiera presos entre la figuración no sólo ayudaba al verismo sino a que todos, actores y técnicos, nos sintiéramos parte de un auténtico motín. Esa era la energía que requería la película y su rodaje… Además, eran una fuente constante de documentación, ¡algunos tenían más notas en el guión que los propios actores!

P: ¿Hay algún tipo de referente o influencias que haya tenido en cuenta para llevar adelante la película?
R: Procuré no revisar ninguna película carcelaria. Intenté que todas las influencias plásticas me llegaran de la propia observación de la realidad y de la influencia que la cárcel real donde rodamos ejercía sobre mí, sobre los actores y sobre el equipo a la hora de planificar, encuadrar o coreografiar la acción… Quise huir de tantos tópicos grabados a fuego en nuestro cerebro -y que proceden fundamentalmente del cine de prisiones norteamericano-, para encontrar una voz propia, reflejar la particular idiosincrasia de la prisión española en la que, por ejemplo, no se lleva ningún tipo de uniforme. Es un mundo más barroco, con un tipo de sorna muy autóctono…

P: En cuanto a la elección de actores… ¿los distintos papeles estuvieron claros desde el principio?
R: Jorge y yo escribimos con Luís Tosar en la cabeza para el papel de Malamadre. Tachuela también sabíamos que nos encantaría que lo encarnase Vicente Romero. La suerte es que ambos quisieron interpretarlos. Pero el resto de los papeles estaba más abierto. Me tomé mucho tiempo y cuidado en la confección del reparto. El proceso llevó casi un año en compañía de dos extraordinarias directoras de casting, Eva Leira y Yolanda Serrano que, entre otros grandes hallazgos, fueron las que me condujeron a Alberto Ammann para el papel de Calzones. El actor revelación del año. Estoy muy orgulloso finalmente del conjunto de los actores, creo que resulta un reparto de una enorme solidez. Como decía Kubrick, la mejor dirección de actores consiste en saber elegirlos.
P: ¿Qué vio en un prácticamente debutante como Alberto Ammann para ofrecerle uno de los roles protagonistas?
R: Necesitaba una presencia nueva, alguien sin bagaje cinematográfico que situase al espectador en el mismo punto de desconcierto en que se encuentran los presos ante la aparición de Calzones: ¿quién demonios es este tipo? Ese actor recién llegado debía tener la capacidad de aparecer primeramente como un hombre blanco, bueno, para irse revelando, ante los presos y ante sí mismo, como otro hombre distinto, con una capacidad de reacción sorprendente y una progresiva metamorfosis en su viaje al fin de la noche, que diría Céline… Reunir todo eso en un actor sin experiencia era sencillamente imposible. Cuando Eva y Yolanda me sugirieron probar a Alberto, que conocían de un concurso de talentos del que habían sido jurados, yo ya pensaba que nunca íbamos a poder encontrar un actor adecuado para semejante personaje. Pero ya desde su primera prueba pude comprobar su poderosa capacidad de intuición, la intensidad de su mirada, su madera innata de protagonista… sentí que estaba ante un actor grande, alguien que no parecía primerizo, que se hubiera pasado toda la vida delante de una cámara…

P: Luís Tosar está impresionante… ¿le costó meterse en la piel de Malamadre?
R: Luís es un hombre de una discreción tal que podrías llegar a no darte cuenta del ímprobo esfuerzo que realiza para llegar a semejante verdad con el personaje. Pero yo no quería perderme nada del placer que significó acompañarle en todo ese viaje al encuentro del alma de Malamadre. Desde nuestra primera y apasionada charla en un café hasta que al fin rodamos la película transcurrió quizá un año entero debido a una serie de retrasos del rodaje. Esa dilatación acabó siendo una bendición porque nos permitió encontrar muchas cosas, profundas y también accesorias. Y nos permitió probar y ensayar, como diría el propio Luís, a dolor. Una visita en la que hablamos durante varias horas con un preso histórico acabó de darnos algunas claves fundamentales que a Luís sentí que le acompañaron durante todo el rodaje. Para mi era un placer contemplar desde el otro lado de la cámara, como primer espectador de la película, el trabajo extraordinario que estaba creando este pedazo de actor día a día.

P: La acogida hasta el momento por parte del público y la crítica internacional está siendo muy buena, ¿Era algo que esperaba?
R: Más que esperar, uno siempre desea que ocurra algo así. Pero si sucede, resulta sorprendente. Una sorpresa feliz, qué duda cabe…

P: ¿Cómo espera que la reciba el público español?
R: Ojala la reciba con la misma intensidad y emoción que el público internacional. Venecia y Toronto son dos de los festivales más importantes del mundo y la recepción allí ha sido absolutamente extraordinaria, apabullante incluso… Uno desea llegar a todos los públicos pero, al menos a mí, me afecta especialmente el hecho de conectar con el de casa…

P: ¿Qué le ha parecido la decisión de la academia respecto a las candidatas a la preselección de los Oscar?
R: La Academia no es un ente abstracto, está formada por una serie de miembros entre los que me cuento. No puede dejar de parecerme bien una votación transparente en la que, además, yo mismo participo.

P: ¿No siente un poco de lástima que su Celda 211 no estuviera entre las elegidas viendo el recibimiento obtenido en festivales como los de Venecia o Toronto?
R: Sentí un poco de lástima, cinco minutos de lástima para ser exactos. Me alegró mucho en cambio el hecho de que gente a la que admiro tanto como Fernando Trueba o Alex de la Iglesia declararan que echaban de menos que Celda 211 no se contara entre las finalistas. Quizá Celda 211 tendría que haberse presentado el año que viene, cuando hubiera podido ser vista por más miembros de la Academia.

P: Bueno, ya para concluir… ¿qué opinión le merece la nueva tecnología del 3D en el cine? ¿Puede ser tan revolucionaria como algunos preconizan o quedará cómo una herramienta más?
R: He de confesarte que, a pesar de las ganas locas que tengo de ver una película con el renovado sistema de 3D, aún no he podido hacerlo por el poco tiempo libre que me ha dejado la postproducción de Celda 211. Y las películas de animación como Bolt, Ice age 3 o Up las he ido a ver con mi hija de dos años, así que opté por el 2D para no descomponerle el cerebro a tan tierna edad… Hasta que no tome conciencia empírica de lo que verdaderamente aporta y significa esta tecnología no podré contestarte a esta pregunta. Pero en principio, siempre me ha divertido mucho todo lo que acerca el cine al espectáculo de barraca de feria…

Fotos: José Haro

9.11.09

The Box (2009)

Richard Kelly vuelve a la actualidad cinematográfica con The Box, su tercera película tras el sonado fracaso de Southland Tales y la obra de culto Donnie Darko. The Box nos sitúa en 1976 con una premisa tan sugerente como sencilla: un matrimonio recibe de un desconocido una caja, ésta contiene un dispositivo con un botón que pueden – o no – pulsar. Si pulsan el botón recibirán un millón de dólares, a cambio, una persona anónima en cualquier parte del mundo, morirá. Y sólo tienen 24 horas para aceptar o rechazar la oferta.
Lo dicho, un planteamiento prometedor que se basa “Botón, botón”, relato corto de Richard Matheson. El problema está en que es una propuesta con poco recorrido, presentado el dilema y su resolución, todo lo demás carece del gancho suficiente para sostener un film de 110 minutos.
Y es que, ante la dificultad que plantea adaptar un relato de tan sólo 6 páginas, Richard Kelly ha tenido que engordar la idea con retazos de thriller de conspiraciones, mucho simbolismo, dobles lecturas y mensaje trascendente y todo ello envuelto en un aura de ciencia ficción. En este sentido, The Box recuerda mucho a las historias narradas en series como Los límites de la realidad o Más allá del límite.

Tras el varapalo que se llevó el director con Southland Tales, parece haber recurrido a las maneras apuntadas por su ópera prima (Donnie Darko) y recoger parte de su esencia. O al menos ésta es la sensación que le llega a uno que conozca y haya disfrutado de su primera cinta. Y la desilusión no puede ser mayor. Se percibe el intento, pero todo el mundo sabe que las comparaciones son odiosas… e inevitables… toda esa paranoia, ese rompecabezas que convirtió a Donnie Darko en un clásico de culto, aquí se queda a medio camino de todo. Tal vez porque se ha querido dar una profundidad y una complejidad a unos planteamientos que son tan simples y están tan claros de por sí que no tienen vuelta de hoja.

Por ello, The Box resulta algo desconcertante y con muchos altibajos de interés.

Otro de los aspectos negativos que se le pueden achacar a la cinta es su elección de actores. No todos claro. Frank Langella por ejemplo, hace un trabajo estupendo, logrando trasmitir un halo de temor y misterio al tiempo de una gran cercanía hacia su personaje. Por el contrario, el matrimonio protagonista: Michael Marsden y Cameron Díaz, sin dejar de ofrecer unas actuaciones bastante correctas son una pareja que no funciona en pantalla. A medida que va avanzando la película uno se va creyendo más su relación (las casi dos horas de metraje ayudan a ello), pero el choque inicial se va arrastrando durante más de lo recomendable.
Lo que sí es de envidiar es la ambientación y lo trabajado del contexto y la atmósfera del film. Es todo un acierto ambientar la historia en la década de los 70 que, vista desde una perspectiva más contemporánea, es más ingenua; donde tendría cabida sin mayores dificultades que por pulsar un botón se consiguiera un millón de dólares y alguien pudiese morir simultáneamente. Vienen a la mente las historias de La Dimensión Desconocida o Creepshow y un agradable aroma a la clásica serie B.
Para hacerla más verosímil, Richard Kelly, introduce la trama en pleno apogeo investigador de la NASA, con el programa Viking que mandó los primeros “robots” para investigar la superficie de Marte. Contexto científico para una historia fantástica que tiene unas intenciones de reflexión poco afortunadas o mal planteadas.

Pero, en favor de las presumibles pretensiones del realizador, al concluir el visionado del film hay dos preguntas que se plantean casi obligatoriamente: ¿Y sí…? o ¿qué haría yo en su lugar?

En conclusión, The Box nos ofrece una premisa muy interesante pero con un desarrollo algo errático y falto de ritmo. Entretenida en muchos momentos, pero con otros sin mayor interés. Cinta curiosa que a los nostálgicos de las series clásicas de ciencia ficción dejará con un buen sabor de boca.


5.11.09

Entrevista: Luís Tosar

Aprovechando el estreno de Celda 211, la última película de Daniel Monzón acerca de un motín que estalla en una cárcel de Zamora... recogemos esta entrevista que nos concedió Luís Tosar para La Huella Digital:

Pregunta: El film está teniendo muy buena acogida allá dónde va: Venecia, Toronto… ¿esperaban algo así?
Respuesta:
Hombre, ha habido una grata sorpresa (risas) pero claro nunca sabes muy bien, porque aunque tengas sensaciones buenas, es muy difícil. Pero la sensación de que realmente estas haciendo algo que está bien, de que tienes muy buen guión entre manos, que las escenas salen bien, que notas un feeling con el resto de los actores, incluso con la figuración que tuvo mucho que ver en esta peli… acabas de rodar y tienes la sensación de que, joder, realmente esté bien. ¿Qué pasa? Que luego tiene que pasar muchos procesos, es lo que tiene el cine, que hasta que está la peli realmente acabada y enlatada nunca sabes exactamente que es lo que hay entre manos. Incluso después, siempre tienes la duda, aunque te guste a ti, dices: “le gustará al resto del mundo o no”. Entonces bueno, para esto los festivales, sobre todo Venecia, el primero al que fuimos ahora, al enfrentarla al público, ya no solo a la crítica y al mundo de la industria… sí, la peli parece que gusta.

P: Toda la crítica coincide en elogiar su actuación como la mejor que ha hecho hasta ahora, incluso ya hablan de posible candidatura al Goya… ¿cómo lo está recibiendo?
R: Con esas cosas yo toco madera, porque basta que lo digan para que luego no te lo den. Y en cualquier caso creo que la fase importante todavía es la de que la peli se estrene y que la gente vaya a verla o no. Porque, claro, tampoco podemos congratularnos única y exclusivamente con la crítica y con la opinión de los compañeros de la industria porque luego al final esto no va a ningún lado. Realmente donde se deben medir las pelis es en las salas. Y esto es una incógnita, porque puede pasar que tengas una peli cojonuda y que finalmente no funcione por una razón o por otra… o bien por cuestiones de mercado que estrenas pegado a otra que te barre directamente la taquilla o de repente la peli no despierta tanto interés como creías que lo iba a hacer.

P: Ahora bien, una vez terminada la película… ¿hay algo que haría de otra forma o que intentaría mejorar de su actuación?
R: Sí, por supuesto, lo que no se muy bien como lo haría (risas). Cambiaría cosas, claro. Me encantaría hacerlo mejor, pero ahora, que lo podías hacer mejor, no lo sé (risas) eso pasa en todas las pelis… Tú haces unos planes, a veces salen bien y estás contento. Luego enseguida empiezas a pensar: “coño esto lo podría mejorar, esto no sé que”… yo por eso también procuro no ver demasiado las pelis en las que curro porque llega un momento en que ya no es productivo. Hay una fase en la que sí, en la que dices: “coño esto no acaba de estar bien, creo que si lo hubiese hecho así pues igual funcionaría mejor, estaría mejor aprovechado la situación, igual redondearía más la escena no se qué”… pero luego llega un momento en que ya empieza la tortura: “joder, esto es una porquería, esto tal”… hubo un tiempo en el que sí lo hacía así, pero luego descubrí que no tiene ninguna eficacia, que lo único que haces es torturarte y la peli no la vas a mejorar porque ya es la que es… En teatro sí, lo que pasa es que en teatro nunca tienes la objetividad que tienes en una peli. En teatro añoras tener la objetividad de verlo en una pantalla y decir: “vale pues esto así, esto no, lo voy a cambiar”… en teatro estás tan dentro, que lo ves cuando ya has dejado de hacer la función hace meses y dices: “y yo por qué hacía esto si realmente esto es así”.

P: ¿Qué fue lo que le atrajo del proyecto?
R:
Bueno, me atrajo sobre todo el guión cuando lo tuve entre manos. Yo leí la novela un tiempo antes, cuando me informaron del proyecto… los productores me enviaron la novela, me pareció que estaba muy bien, que era un material muy bueno para hacer una película. Pero también que era muy complicado de trasladar porque la novela tiene un estilo narrativo muy peculiar, muy bien escrito, pero que no es nada cinematográfico. Entonces bueno, estaba muy expectante para ver como recogían el material Daniel y Jorge Guerricaechevarría y hacían con eso un guión. Y la verdad es que la sorpresa fue muy grata. Porque creo que cogieron lo mejor que había en la novela y lo transformaron en un guión que era totalmente cinematográfico… para mí fue la gran alegría y enseguida llamé a Daniel, le dije que me parecía maravilloso el guión y luego también, un poco la sorpresa de que él quería que hiciese Malamadre y no Calzones, que era lo que yo había pensado.

P: Pasó casi un año desde que recibió el proyecto a que empezaron a rodar ¿no?
R: Sí, en realidad más de un año desde que yo leí la novela hasta que ya finalmente rodamos,. Y más o menos un año desde que Daniel y yo empezamos a hablar ya con el guión en la mano de cosas, de Malamadre y de la peli.

P: Malamadre se parece bien poco a lo que venía haciendo hasta la fecha… ¿Papel arriesgado?
R: Sí, pero era muy goloso también. Me dieron un papel que era un regalo y dije: “coño, si no hago esto es que soy tonto”. Luego tenía un componente ahí de bueno, tirarse a la piscina, de cambiar un poco de tercio, pero que era también algo consensuado con Daniel, que siempre estuvo diciendo: “venga tío, vamos aquí yo lo que te apetezca lo hacemos”… y claro, a mí me apetecía un poco de show y a él también. Decidimos que aparte de hacerlo todo lo correcto que pudiésemos, pues también nos podíamos meter en otro terreno, un poco más de espectáculo.

P: ¿Cómo ha sido la preparación del personaje?
R: Pues larga y un poco… dudosa más que nada. Porque iba como pasando de unos lados a otros. Pasó por muchas fases, pero creo que todo lo que fuimos haciendo, todo el trabajo previo, fue conduciéndolo hacia ese lugar. Malamadre, como está hecho con cachos de muchas cosas: gente que yo conozco; de otra gente que no, pero que imagine que podrían ser así a través del guión; gente que conocimos a lo largo del proceso; cosas que fuimos recabando en las cárceles; documentación; peña que ves… todo eso está en Malamadre, entonces bueno, fue un trabajo de meses.

P: ¿Algún tipo de referencias personales?
R: Por ejemplo, la voz, viene inspirada por un amigo mío. Siempre pensé que la voz de este tipo se merecía estar en algún personaje. Y entonces Malamadre de repente fue el lugar, porque cuando lo leí me pedía que tenía que ser algo así. Tenía que tener una manera de hablar especial y una voz que mostrase todo lo machacado que está este tipo y los 20 años que puede llevar dentro del talego. Fue muy determinante, pero también fue de las últimas cosas en salir… yo la ensayé durante bastante tiempo, aprovechando que tenia que leer unas cuantas cosas: leía en voz alta, trabajaba la voz para ver si tal… pero la decisión última la tomamos bastante tarde. También porque creíamos que era la decisión más radical y más arriesgada… es decir, directamente es cambiar la voz. Aquí, si funciona, estará bien, pero es que si no… va a ser un pastiche. Pero bueno, sí, creo que, más o menos funcionó.

P: ¿Cómo es Malamadre?
R: Es un tipo que tiene un código moral muy férreo que no tolera la traición, que respeta cosas como la amistad y el valor de la verdad y la mentira. Aunque luego, pues eso, probablemente matar a un tío le da igual, pero la razón por la que matas a un tipo, eso ya no le da igual… Yo creo que él valora más que un tipo mate a alguien porque lo odia que no que dejen matar a alguien simplemente porque bueno… eso es lo que a él le revienta. Y es un poco también de lo que habla la peli. Es decir, ¿dónde hay más delito?, en el qué mata, el qué pega un cuchillazo a otro tío… o el qué deja que lo maten, el qué hace la vista gorda.

P: ¿El que hubiera antiguos presos trabajando como extras le ha ayudado a meterse en la piel del personaje?
R:
Yo creo que nos ayudaba a todos los actores en general. Era una fuente de inspiración que estaba ahí. Incluso nos ayudaban mucho, siempre tenían alguna idea de como se podían hacer las cosas. Y yo creo que ellos también, de alguna manera, se estaban convirtiendo en actores en ese momento… bebían un poco de nosotros, había una especie de simbiosis ahí muy graciosa que también provocó situaciones de mucha risa.

P: ¿Planteó alguna dificultad rodar en una cárcel de verdad?
R: Sobre todo lo que hubo fue que limpiarla, porque tenía una cantidad de mierda espectacular aquella cárcel cuando llegamos. Llevaba doce años abandonada… prácticamente todos los animales de la zona ya se habían hecho ahí su casa. Y luego reconstruir algunas cosillas y poner en funcionamiento cosas que se habían venido abajo. Pero yo creo que fue un gran acierto, porque ya el aspecto de la cárcel era el que había. Muchas cosas, por ejemplo el color rojo de las rejas, puertas y todo eso, era algo que ya estaba allí. Que es algo a lo que quizás no te atrevas a hacer si tienes que construirlo de la nada… el color rojo que en principio era casi como una redundancia de que estamos contando una historia de violencia, de sangre, de una tragedia griega… y encima vamos a poner todo de color rojo… pues bueno, era el que había. Eso también creo que animó mucho a Dani a decir: “bueno, esto es documental, al fin y al cabo la realidad es esta ¿no? Pues ya está”.

P: ¿Existe mucha diferencia entre rodar en 35mm a hacerlo en digital? ¿El actor encuentra mayores facilidades?
R:
A la hora de rodar sí. Es la diferencia de poder hacer una, dos, tres tomas y a veces ya andar ahí raspaditos, a poder hacer las que quieras. Rodar planos secuencias muy largos sin tener la preocupación de que estás gastando un montón de película… poder ensayarlos tranquilamente y grabarlos, verlos y luego volver ya a rodarlos. Ese tipo de cosas creo que sí ayudan, no solo a los actores, sino también en muchos casos a los directores. ¿Qué pasa? Igual se pierde un poco el encanto que tenía el cine, de ese nervio de que las cosas tienen que salir bien porque la película empieza a rodar y tal… pero bueno, creo que es un mal menor comparado con las ventajas que te da el HD, que al final te da el placer de jugar muchísimo más y encontrar cosas que son maravillosas.

P: Volviendo a Malamadre, su relación con Juan Oliver (Alberto Amman) va evolucionando a medida que avanza el metraje… de la inicial suspicacia al respeto y una suerte de amistad…
R: Sí, totalmente. Es una de las cosas que teníamos muy claras desde el principio. La relación entre estos dos tenía que funcionar, y funcionar muy bien para que la película se sostuviese; porque al final es una peli sobre la creación de una amistad entre dos tipos que a priori son completamente antagonistas y cuyos objetivos en la vida no tienen absolutamente nada que ver. Pero ¿qué pasa?, que Calzones, Juan Oliver, se ve metido en unas circunstancias que hace que cambie su parecer con respecto a muchísimas cosas. Su vida cambia radicalmente por desgracia, y Malamadre, en buena parte, es el causante de todo eso, aunque él no sea muy consciente de ello porque no tiene ninguna culpa de que Juan Oliver esté allí. Pero de alguna manera también, Malamadre tiene cosas que Juan Oliver rescata de él y por eso llegan a esa intimidad.

P: El trabajo de Alberto Amman, a pesar de ser prácticamente un debutante, también ha sorprendido gratamente. ¿Cómo lo ha visto usted?
R:
Pues Alberto es que es una máquina. Nos conocimos haciendo unas pruebas para la peli. Y creo que en esa prueba, todos los que estábamos allí: Daniel Monzón, Eva y Yolanda las directoras de casting y yo… creo que a ninguno le cupo la menor duda de que iba a ser Calzones. Porque de repente, nos encontramos con un actor de talla gigante, con una pureza en la mirada, con una fuerza espectacular, con una técnica ya muy depurada, a pesar de ser un tipo que iba a hacer su primera película y que daba lo que tenía que tener ese personaje.

P: Coinciden también en Lope, que ha terminado de rodarse hace poco.
R:
Sí, de hecho es una relación un poco similar. Lo que pasa es que desde puntos de vista completamente diferentes. Pero bueno, nos hacía gracia investigar una relación de amistad similar pero en una época que no tenía nada que ver, y con roles completamente diferentes… también hubo un momento en que pensamos si deberíamos estar juntos en esa película o no. Por si de repente no sabíamos como darle la vuelta a aquello. Pero vamos, realmente decidimos que tampoco tenía mucho que ver, los conflictos eran completamente diferentes.

P: Aparte de esta “Celda 211” tiene otros proyectos ya estrenados como “Los límites del control” de Jim Jarmush…
R:
Fue un placer muy breve (risas) pero muy intenso. Trabajé con él tres días, me parece que fueron, porque eran todo historias así muy cortitas, muy episódicas… y bueno, me hubiera gustado estar más tiempo con él porque es un tipo muy especial. Tiene una forma de trabajar que creo que es muy interesante, muy atípica. No tiene mucho que ver con ninguna otra persona con la que yo haya trabajado. Tiene una forma de afrontar el cine con un concepto de la aventura y de la valentía total… llega allí y va a crear una peli, pero con pocos planes preconcebidos. Es un tipo que el nihilismo lo lleva hasta las últimas consecuencias.

P: Además, sigue tan comprometido como siempre… ha participado en el documental “Flores Tristes” de Manuel Abad sobre la represión franquista. ¿Cómo surgió?
R:
Este proyecto lo tenía Manolo desde hacía bastante tiempo, intentando levantar esa historia… al final lo consiguió y nos dejamos liar unos cuantos. Además, yo a Manolo lo conozco de haber trabajado con él en la TV gallega y nunca habíamos tenido la oportunidad de hacer ficción… bueno, tampoco es ficción, pero digamos que lo nuestro tiene más que ver con ficción que con documental, porque es una parte un poco narrativa lo que hacemos los actores. Apetecía y era además muy bonita la historia que se contaba.

P: El posicionarse ante determinadas causas que consideran justas y prestar su imagen por ellas… ¿Lo considera cómo una responsabilidad respecto a todos aquellos que no pueden o no saben como hacer oír su voz?
R: No es que lo vea como una responsabilidad, es casual. Se te brinda la oportunidad de prestar tu voz para eso y hay determinados sectores que no van a tener ningún tipo de foro en el que se los escuche si no hay alguien que sea mínimamente conocido como para que de repente los medios de comunicación se hagan eco de eso. Esto es lo triste, que es que esto ocurre. Si en alguna medida puedes ayudar siendo simplemente un ciudadano que está ahí y que es más conocido y sabe que si convocas a los medios van a aparecer; pues bueno, ya algo estás haciendo y estás sirviendo para algo. No es simplemente salir ahí y decir lo que te apetezca, sino que todo esto tiene una razón de ser.

P: Vamos, que se aprovecha la relevancia pública para sacar ciertos temas.
R:
Sí, porque si no, hay cosas de las que nunca se sabe. Hay cosas de las que nunca nadie quiere hablar o directamente que no son noticia. Porque hoy en día bueno… parece que es más noticia cualquier chuminada que se pone por las tardes a las cinco y que habla la ex – esposa de un torero… y que de determinados sectores realmente desfavorecidos de la sociedad no se sepa jamás que están ahí. O determinadas cosas que ocurren pero que de repente pasan por los medios de información y no les interesan… ya al margen de los intereses políticos, económicos y todo esto, que ya entras en un entramado en el que ya no sabes cual es el culpable. Con lo cual, a veces es mejor no planteárselo o decir que todos son culpables y ya está.

P: Ya para terminar, viene de participar hace poco en el Festival “Vigo Unha e dez” ofreciendo a los jóvenes sus experiencias y conocimientos acerca del cine… ¿cómo ha sido la experiencia?
R:
Bueno, breve también. Lo que pasa es que fue muy divertida porque fui con mis compañeros de cuando empecé a hacer cine: Antonio Pereira, Jorge Coira y Piti Sanz. Nosotros empezamos juntos en Lugo a hacer cortometrajes y durante muchos años hemos seguido ahí… y ahora hemos tenido, además, la suerte de volver a coincidir todos en una película. Ya solamente por eso es muy bonito. Lo de que nos hayamos juntado y hablar. Y luego que tenía un poco el sentido de que íbamos a hablar con chavales que están un poco en la situación en la que estábamos nosotros cuando estábamos en el instituto.

P: Se ve un poco reflejado ¿no?
R:
Claro, están tipos ahí organizándose sus cortos entre ellos. Un poco buscando su lugar. Algunos pues quieren ser actores, otros querían ser directores… prácticamente el mismo esquema que teníamos nosotros en el instituto. Y yo, joder, espero que alguno de los que estaban en Vigo, pues dentro de quince años que estemos ahí.



Fotos: Eva Garrido

28.10.09

The Final Destination (2009)


Cuando uno entra a ver Destino Final 4 no puede evitar soltar una pequeña risotada al pensar que tan final no debe ser ese destino si ya vamos por la cuarta entrega.

22.10.09

Moon (2009)

Moon es la ópera prima de Duncan Jones, más conocido por ser el hijo de David Bowie, y cuya carrera hasta el momento ha estado ligada al mundo de la publicidad y de los vídeos musicales.


La película nos traslada a un futuro no muy lejano en el que ya no hay problemas energéticos gracias al helio 3, una materia prima de la que nos abastece la Luna y cuya extracción es llevada a cabo por una poderosa multinacional que aboga por el ecologismo.


Aquí es donde nos encontramos con el protagonista de la trama, Sam Bell (Sam Rockwell), un operario, más bien el único operario, que trabaja en la base lunar. Lleva casi tres años allí solamente acompañado de una computadora que responde al nombre de Gerty (Kevin Spacey). A un par de semanas de volver a la Tierra empieza a tener extrañas alucinaciones. Hasta que un día, mientras explora la superficie, hace un descubrimiento que lo cambiará todo.


La propuesta de Moon como película no deja de ser un sentido homenaje a los grandes clásicos de la sci-fi de los 70 y 80. En este sentido es muy referencial (a veces excesivamente explícitas) y recoge gran parte de su esencia para nutrirse. Hablamos de cintas como Atmósfera Cero, 2001 de Kubrick, Solaris e, incluso, Alien.


No hablamos sólo de la estética y la puesta en escena, sino de los temas que aborda y la forma en que lo hace, algo que ya se refleja en el uso de efectos más artesanales y un cierto aspecto “retro” de las naves y vehículos (que nos vuelve a rememorar lo visto en films como Naves Misteriosas).


Duncan Jones se desliga de las propuestas que han aparecido en los últimos años, en las que prima por encima de todo el crear un producto visualmente deslumbrante, donde los efectos visuales tienen demasiado protagonismo. Lo que hace el director británico es retomar la idea originaria de esa sci-fi más intelectual: recrear espacios futuristas y utópicos como contexto para adentrarse en la psicología humana y abordar cuestiones éticas, morales y sobre la condición humana.

Ya centrándonos en aspectos más concretos del filme, cabe destacar el trabajo interpretativo de Sam Rockwell (Los impostores de Ridley Scott o Confesiones de una mente peligrosa de George Clooney), ya que el peso del mismo recae básicamente en él. Es el único personaje real de la película, aunque le acompaña la voz de Kevin Spacey y Dominique McElligott (en el papel de su esposa) a través de vídeos que recibe de la Tierra. Sam Rockwell consigue con su personaje trasladarnos la sensación de soledad y de pérdida que le acompaña durante toda la cinta.


Moon se trata de una película que a quien no esté habituado al género puede resultarte de lo más curiosa, aunque también puede hacérsele un poco densa por el contenido más o menos filosófico de la misma. Y en cuanto a los curtidos en el género, el problema y parte del encanto estará en que recupera la tradición de esa ciencia ficción más íntima y humana.

18.9.09

Inglorious Basterds (2009)

Érase una vez en la Francia ocupada… Con esta frase que podemos leer al comienzo del film ya nos hacemos una idea de lo que no nos vamos a encontrar. Tarantino no ha realizado una cinta sobre la 2ª Guerra Mundial, ni una bélica, ni siquiera es fiel a la historia; a partir de decenas de referencias, homenajes y un conocimiento único del séptimo arte, el director norteamericano nos ofrece un relato de venganzas en el que plasma todas sus obsesiones.

La guerra no es más que un contexto. Malditos Bastardos se sitúa en medio de unas calles de París infestadas de nazis, como podría haberlo hecho en la Rusia zarista o en la Roma imperial. Los nazis no son nazis, son malos de película. Toda la cinta es un continuo homenaje al cine (y ya no sólo desde un punto de vista técnico): desde el uso del tempo del spaghetti western (algo a lo que ya ha recurrido en alguna ocasión) a situar parte de la acción en una sala de proyecciones o que uno de los protagonistas se pase de héroe de guerra a actor de cine.

El talento de Quentin Tarantino no tiene parangón. Usando un tempo lento y muy particular, crea escenas de auténtica tensión. Las secuencias de la taberna, el encuentro del coronel Landa con Shosanna (Mélanie Laurent) en la cafetería de París o el que tiene con Diane Kruger casi al final de la película causan una profunda angustia y obligan a mantenerse en las butacas a pesar de su (a priori) excesiva duración. Ya la secuencia inicial en la granja da buena fe de esa sensación de intranquilidad con la que brinda al público.

Lo de Tarantino es un cine íntimo y salvaje, que ronda siempre bajo una misma marca, pero aportando una nueva vuelta de tuerca con cada película. La indiferencia no tiene cabida en su filmografía, y Malditos Bastardos no deja indiferente.


Malditos Bastardos recoge la esencia de la filmografía de Tarantino, está dividida en capítulos o pequeñas historias que llevan a un último punto; todas ellas con su inicio, nudo y desenlace como si en sí mismas fueran pequeñas historias. La clave para entender el cine de Quentin Tarantino está en que intenta llevar el libro al cine. No me refiero a hacer una adaptación más o menos fiel como Millenium o la saga de Crepúsculo. Él lo que intenta es trasladar el lenguaje del libro a imágenes.

Un libro no está estructurado de forma cuadriculada, la historia va avanzado y deteniéndose según como le indique el hilo que lleve; componiéndose de capítulos de distinta profundidad y duración, hay algunos más extensos que otros. Esa es la idea que recoge Tarantino, que escribe sus guiones como si fueran novelas. De ahí que, la presentación de personajes mediante rótulos, que dentro de los esquemas tradicionales de Hollywood no está bien visto, aquí cobra todo el sentido. Otra de las cosas que siempre se le han criticado es el ofrecer “flashbacks” o escenas con información irrelevante según la concepción cinematográfica, pero que en realidad no lo es, ya que ofrece detalles sobre sus personajes tal como hace una novela al detener la acción para hacernos alguna descripción.

Si en sus anteriores películas los personajes y sus diálogos eran la fuerza que movía el conjunto de la obra, en Malditos Bastardos cobran aún más importancia. Ya no sólo por lo que se dice o no se dice, los distintos acentos e idiomas dan un mayor abanico de matices al film. Hasta cuatro lenguas llegan a emplear los protagonistas para relacionarse entre ellos. Incluso los acentos son relevantes, pues hay personajes que se delatan por éste y escuchar como el teniente Aldo Raine pronuncia su particular italiano no tiene desperdicio. Esta variedad lingüística que se presume como uno de los puntos fuertes, presumiblemente decaiga y pierda sentido con la versión doblada al castellano. Una pena.


Hablando de lenguas, Christoph Waltz (el Coronel Landa) pasa de una a otra como si tal cosa. Su personaje se eleva por encima de todos convirtiéndose en el dueño de la cinta cada vez que aparece en pantalla. Con cada gesto y cada palabra deja notar su presencia.

La aparición en escena del coronel Landa ya provoca un mal cuerpo en el espectador, ya que no se trata del típico oficial nazi al que estamos acostumbrados a ver: déspota y agresivo; sino que mantiene una actitud muy educada y formas corteses, juega mucho con la ironía y desborda sentido del humor.
El público lo ve venir, sabe que todo lo que hace y dice Landa va con una intención muy clara, está siempre un paso por delante de sus interlocutores, lo que aumenta la tensión del momento.


Por el contrario, los bastardos resultan de lo más flojo de la película. Están muy desdibujados. Eli Roth debe su participación por ser amigo del director. Porque realmente su personaje es completamente prescindible; y Brad Pitt da la impresión de que cumple un papel de reclamo publicitario, pues su personaje es plano y está desaprovechado. Hay una descompensación entre los dos bandos: los nazis aportan más emoción y complejidad interpretativa, al tiempo que los bastardos van de un rollo más superficial.

En cuanto a las “chicas Tarantino” (que no pueden faltar), la bellísima Diane Kruger es la elegida para ofrecernos el deleite fetichista que no falta en ninguna de las películas del director americano, mientras que la francesa Mélanie Laurent, en una gran interpretación, hace las veces de judía que se esconde de los alemanes.

Como aspecto más reprochable (aparte de los bastardos en sí) está el hecho de recurrir a técnicas y lenguajes ya usados anteriormente en sus películas, como la escena en la que se muestra la crueldad de los bastardos, rodada como si fuera un spaghetti western. No logra aportar nada nuevo. Además, tira de la misma música de
Enio Morricone que utilizó en Kill Bill. Aquí lo cierto es que Tarantino habló con el compositor para escribir la música de Malditos Bastardos, pero al no llegar a tiempo, se decidió por repetir composición.

8.9.09

He's Just Not That Into You (2009)

Si lo que buscas es pasar un rato de total intrascendencia que roce el aburrimiento, Qué les pasa a los hombres es tu película. Empapándose de convencionalismos y clichés, el film ofrece una imagen de la mujer – en un intento de hacer una comedia – con unos valores muy anticuados y machistas, de mujeres cuya única ambición en la vida es cazar un buen hombre con el que casarse y formar una familia.

El director Ken Kwapis presenta varias historias acerca de las relaciones entre hombres y mujeres que pretenden abordar la mayor parte de las posibilidades que se dan, pero realmente lo que tienen en común todas ellas es su falta de interés, son historias vacías y carentes de fuerza.

La película cuenta con muchas caras bonitas y algunos actores con más nombre que talento para llamar la atención, pero el estar tan estereotipada, con unos personajes muy planos y un humor que se queda en las intenciones, la cinta pierde su gancho mucho antes de cumplirse las dos – largas – horas que dura.
Las interpretaciones, discretas ellas, no dan mucha opción a entrar en valoraciones. El ejemplo lo tenemos en Ben Affleck, que lejos de actuaciones como las de La sombra del poder o Hollywoodland, nos ofrece el mismo registro que tanto se le ha criticado en cintas como Pearl Harbor: mucha pose y poca alma en el personaje. Más de lo mismo se puede decir del resto.

La señorita Scarlett Johansson, para alegría de muchos, está para mostrar sus atributos, pero poco más… y francamente, por lo que cuesta una entrada de cine hoy día, es de recibo ofrecer algo más. No todo podía ser negativo.

La trama protagonizada por Ginnifer Goodwin y Justin Long es la que, con menos pretensiones, logra esbozar más de una sonrisa en el espectador. Y cómo no... Jennifer Connelly. Los años le están sentando como a nadie a la neoyorkina en todos los aspectos.

Con un atractivo que lo inunda todo a su alrededor y una mayor verdad en sus ojos, se cree
sus personajes transmitiéndolo a traves de la pantalla. Lástima que lo demás no la acompañe como se merece.

10.8.09

G.I. Joe: The Rise of Cobra (2009)


Cuando parece que en Hollywood apenas quedan ideas interesantes para rodar nos llega G.I. Joe, basada en la línea de muñecos de Hasbro para reafirmar nuestras sospechas.


Los G.I. Joes son unas fuerzas especiales a nivel internacional con la misión de velar por la paz y combatir a organizaciones terroristas, especialmente a COBRA, cuyo único fin es dominar el mundo. Entre medias tenemos a traficantes de armas, el típico amorío entre los protagonistas y secretos sin desvelar.


La historia no aporta nada nuevo ni original, por lo que el film se refugia en los efectos visuales para intentar darle un valor añadido que atraiga al público. Y he aquí el problema del que padecen muchas películas – entre las que podemos incluir a G.I. Joe – que no es otro que esconder los defectos y limitaciones de un mal guión en un envoltorio saturado de efectos. Ya no solo eso, sino que muchas veces lo que se hace es poner la historia al servicio de dichos efectos, cuando tendría que ser justamente lo contrario: usar las nuevas tecnologías como instrumentos al servicio de una buena historia.


Por tanto, nos encontramos en G.I. Joe con una película que busca romper taquillas mediante un despliegue desmesurado de efectos, que encima cantan bastante. Marginando un guión, ya de por sí, algo pobre, por momentos demasiado inverosímil y poco acertado. Por poner un ejemplo de esto último, en pleno auge de la concienciación ecológica, la cinta nos traslada hasta el mismo Ártico para continuar con la vorágine de batallas y destrucción.


El plantel protagonista, además, tiene que lidiar con unos personajes planos y estereotipados: héroes de acción y malos malísimos. Caras conocidas como Dennis Quaid o Adewale Akinnuoye-Agbaje (el Sr. Eko de Lost) para darle un mayor gancho a la cinta.


Por otro lado tenemos a jóvenes estrellas como Channing Tatum (Duke, el bueno de la peli), quien parece tomarse demasiado en serio su papel en una cinta que no puede tomarse así. Quien sí se la toman como lo que es, un divertimento, es Marlon Wayans (conocido por la saga de Scary Movie) que es el que aporta el punto más cómico y desenfadado del film; así como Brendan Fraser, cuya aparición sólo se explicaría por su relación con Sommers.


Sienna Millar es, quizás, quien le saca un mayor jugo a su personaje. La actriz neoyorkina se toma un impasse en su cometido de nueva musa del cine indie americano para meterse en la piel de la Baronesa. Dentro de lo que cabe el suyo es el personaje que presenta una mayor complejidad.


Además, verla con un look de morena y luciendo tipo ceñida en un traje de cuero es todo un regalo para la vista.


Con G.I. Joe estamos pues, ante el típico Blockbuster veraniego atiborrado de postproducción, con unos actores que se pasan más tiempo exhibiéndose que otra cosa, y una historia que se olvida nada más acabar el visionado.


A pesar de esto, G.I. Joe sabe mantener durante parte del metraje (hasta que la dirección que sigue la hace descarrilar) la emoción y entrenenimiento, gracias a la labor de su director, Stephen Sommers, quien conoce algunos de los ingredientes para colarnos un Blockbuster entre nuestras preferencias como ya hiciera con The Mummy y su secuela.


Sí además de ofrecernos aventuras para desconectar, nos las presenta acompañado de actores conocidos y presumiblemente con talento… es probable que logre engañarnos para ir a las salas.